El teletrabajo ha cambiado la forma en que las empresas gestionan el talento, pero su adopción ha disminuido en los últimos años. Según el informe de Robert Walters, solo el 7% de los trabajadores lo practica regularmente y otro 7% lo hace de manera ocasional, cifras muy inferiores a otros países europeos.
Esta modalidad sigue concentrándose en sectores de alta cualificación y entornos urbanos, mientras que en muchas empresas ha habido un retroceso en las políticas de flexibilidad, argumentando problemas de compromiso y cultura corporativa. Aun así, el 79% de los trabajadores cree que el teletrabajo ha mejorado su desempeño y gestión de equipos.
Los principales beneficios incluyen el ahorro en desplazamientos, mejor conciliación y mayor concentración. Sin embargo, también plantea retos como la pérdida de conexión con la empresa, la dificultad de supervisión y una menor visibilidad interna, lo que puede afectar el crecimiento profesional.
El informe revela que 8 de cada 10 empleados considerarían cambiar de trabajo si se eliminara el teletrabajo, lo que lo convierte en un factor clave para la atracción y retención del talento. En este contexto, su impacto se extiende a áreas como competencias digitales, formación, salidas profesionales y soft skills, esenciales en la adaptación a nuevas dinámicas laborales.
En definitiva, el teletrabajo sigue siendo una herramienta valiosa, pero no universal. Su futuro dependerá de la capacidad de las empresas para equilibrar flexibilidad, productividad y cohesión organizacional en un entorno laboral en constante evolución.